lunes, 17 de agosto de 2009

Nana para Óscar Pérez

COMUNICADO OFICIAL SOBRE LA SUSPENSIÓN DE LA BÚSQUEDA DEL MONTAÑERO OSCAR PÉREZ:
EXPEDICIÓN LATOK PEÑA GUARA. Huesca.
Por común acuerdo de los tres grupos de trabajo (Campo Base, Skardú y club Peña Guara en Huesca) del operativo de rescate de Oscar Pérez, el alpinista aragonés que lleva diez días atrapado en el Latok 2 (7108 mts), hemos decidido suspender las actividades de rescate ante el adelanto del mal tiempo que impide continuar con esta labor, las dificultades técnicas de la ruta, las pocas probabilidades de encontrar a Oscar con vida y sobre todo, por el riesgo para la seguridad de los porteadores de altura y de los escaladores en esta difícil pared en malas condiciones.
Analizando fríamente la situación, el Club Pena Guara ha dado orden de suspender la operación y se lo ha comunicado a Sebastián Alvaro en Skardu, al embajador español en Islamabad, Don Gonzalo Quintero y a Jordi Corominas en el Campo Base dando las instrucciones pertinentes para que el grupo de rescate regrese a España.
Todos los implicados en el rescate quieren agradecer las muestras de apoyo de cuanta gente se ha dirigido a nosotros, y al esfuerzo y apoyo de: Presidente del Gobierno de España, Presidente del Gobierno de Aragón, Embajada de España en Islamabad, Consejo Superior de Deportes, Subdelegado del Gobierno en Huesca, Diputación y Ayuntamiento de Huesca, autoridades y ejercito pakistaní, FIATC seguros, medios de comunicación, así como a todas las personas que durante estos días han estado apoyando esta compleja operación.
Queremos tener un agradecimiento especial al equipo que opera en Pakistán, especialmente a Sebastián Álvaro, a los alpinistas norteamericanos y españoles, a los porteadores de altura y porteadores del Campo Base. Todos ellos, durante estos días, están trabajando al límite de sus posibilidades.
En estos momentos de tristeza y de frustración, desde Peña Guara solamente nos queda manifestar nuestra comprensión hacia las familias y personas queridas de los expedicionarios.


(Texto incluído en el artículo de Miguel Soria, 18-08-09 , cope.es)

NOCHE FINAL (EPÍLOGO)

Ya se han roto las ataduras,
sólo la noche me rodea,
me va robando la memoria,
me acuna para que me duerma.

Ahora que ya no la contemplo
para robarle su belleza.
Ahora que siento en mí el cansancio
de nuestras pobres razas viejas.
Ahora que lucho y me rebelo
contra su mansedumbre eterna
y me acuerdo de que algún día
fui tan sin tiempo como ella,
¡qué monólogo desbordado,
que soliloquio sin respuesta,
qué deseo de renacerme,
de entender y de que me entienda,
de bogar pasado y futuro,
de segar mi memoria entera!
Luego, arrojar al negro pozo
lo que de mí evoca y recuerda:
cojín de nieblas matinales
donde apoyaba la cabeza.

Repetimos las mismas cosas,
recorremos aquellas sendas
por donde todos los humanos
dejaron gritos, ecos, huellas.

Son las palabras angustiadas
que un día oyó al nacer la tierra:
«húmedo beso, vida, muerte,
nada importa, me voy y quedas,
ayer desnudos en el campo
y hoy se caen solas las cerezas».

Palabras viejas y cansadas
que nosotros creímos nuevas,
recién nacidas para el canto,
para una dicha siempre nuestra.
Y la noche me va matando,
me acuna para que me duerma.
En cada instante mío pone
siglos de luna, alta y sangrienta.

Nada me importa que yo siembre
y que otros cojan la cosecha.

Pero morir sin rebelarme,
someterme sin resistencia,
ser por los siglos de los siglos
sólo luz o sólo tinieblas,
irme cegando de hermosura
hasta dejar de ser materia,
aunque mi premio sea un día
mirar por dentro las estrellas.

Hoja de chopo, onda de río,
sangre mezclada con la tierra.
Y que mi forma sea el barro
que una mano mortal modela.
Niño que juega desnudito,
mínima brizna de la hierba,
todos los peces de los mares,
los animales de la tierra.

Saber que vivo, que palpito,
que me enloquezco en la carrera,
que ando mares y anchos ríos,
que escalo cimas, salto cercas,
que desde el fondo de las noches
hay pesadumbre que me acecha.
Sentir en mí todos los soles,
todos los gozos y las penas,
todos los vientos que me mueven,
los dolores que en mí hacen presa.

Sentir, por fin, llegar el alba, su melodía limpia y fresca,
y barrernos las sombras turbias
que oscurecen nuestras cabezas,
y beber las lejanas brisas
que nos alejan de la tierra
maniatados y adormecidos,
sin saber a dónde nos llevan.

José Hierro

"Tierra sin nosotros",1947