sábado, 17 de julio de 2010

Destrucción a toda costa

"Había corrido muchísimas veces por aquella playa. Un día, no hace muchos años, la encontré interrumpida por un informe montón de bloques de roca", rememora el ex director de la Estación Biológica de Doñana, Miguel Delibes de Castro. "Con la marea alta, si uno quería seguir adelante debía meterse en el agua o sortearlos por arriba. No daba crédito a lo que estaba viendo. Pocas semanas más tarde habían construido sobre la escollera un paseo marítimo, y luego harían, detrás, hoteles y apartamentos. Me indigné. ¿Y la Ley de Costas?", recuerda el investigador del CSIC sobre un pueblo andaluz en el que, literalmente, bajo los adoquines había arena de playa.
Delibes es uno de los testigos de la devastación del litoral español que ha colaborado en el informe Destrucción a toda costa 2010, presentado ayer en Madrid por Greenpeace.

Según el estudio, entre 1987 y 2005 se destruyeron más de 50.000 hectáreas de suelo natural en los dos primeros kilómetros de litoral, sin incluir Canarias. Desde que el Gobierno de Felipe González aprobó en 1988 la Ley de Costas, que debía frenar la privatización de las playas, casi 80.000 metros cuadrados de suelo costero se han transformado en urbanizaciones o industrias cada día.
López de Uralde presentó ayer sus recetas para "salvaguardar lo que queda del litoral": la aplicación efectiva de la Ley de Costas, la creación de una red de reservas naturales costeras y un cambio legal de la financiación de los municipios, que hoy dependen del ladrillo.
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Según el informe de Greenpeace, el Estado degrada 7,7 hectáreas de costa cada día para crear urbanizaciones, suelo industrial y comercial. La organización ecologista denunció que en los últimos veinte años se ha destruido diariamente en la costa la superficie equivalente a ocho campos de fútbol. La especulación del suelo ha sido uno de los negocios más rentables a lo largo de estos años en toda la península, tal y como señalaron los ecologistas: "La ocupación inmobiliaria del suelo se ha duplicado en las dos últimas décadas".

El fin del «boom» del ladrillo ha dejado paralizados aquellos proyectos urbanísticos que no pudieron ejecutarse antes de 2007. Aún así, la Comunitat Valenciana puede presumir, según Greenpeace, de haber ocupado durante los últimos diez años, los primeros puestos entre las autonomías que más ha maltratado su costa. El informe «Destrucción a toda costa 2010» revela que ya en 2005 el cemento cubría el 33 por ciento del primer kilómetro del litoral de la costa valenciana. Por provincias, Alicante se llevaba el resto, con un 49,3 por ciento, sólo superada por Málaga y Barcelona, seguida de Valencia con un 28,7 y de Castellón con un 23,5. De 2001 a 2005 en el litoral valenciano se construyó tanto como en toda su historia y, de cada cien euros producidos, 26 correspondían al sector de la construcción o al inmobiliario. A principios de esta década, en Castellón sólo quedaban 24 kilómetros sin urbanizar, en Valencia once y en Alicante 50. Aún así, se continuaron aprobando macroproyectos como el «Manhattan de Cullera», que preveía construir 33 rascacielos, en Torreblanca se proyectaron 46.000 viviendas y en localidades como Guardamar del Segura la población habría aumentado un 826 por ciento, si se hubiesen llevado a cabo los planes urbanísticos previstos.

Puertos y erosión
La costa valenciana tiene aproximadamente un puerto deportivo cada once kilómetros. La primera consecuencia de estas instalaciones es el cambio en la dinámica del litoral que produce pérdidas de arena en las playas. La regeneración artificial de las mismas es una solución temporal. Según datos del Ministerio de Medio Ambiente, en la provincia de Valencia se trasvasaron 167.271 metros cúbicos de arena. Las actuaciones costaron 1.086.991 euros. La mayoría se obtiene de yacimientos marinos, práctica que degrada los bancos de arena, catalogados como hábitat de interés comunitario.

Año tras año asisto a la emisión de estos informes, ¿cambiará esto algún día? Sí, sólo cuando ya no quede un centímetro para construir, desde ese momento ya no se podrá crecer más. Lo siento pero el pesimismo me invade, me corroe, me aliena, estoy llena de impotencia, rebosante, ya casi deliro, enloquezco a pasos agigantados..., indignada, cabreada, desesperanzada... Quisiera poder hacerme pasota, no mirar para no ver. Imposible, con lo voyeuse que soy! ¡Pero como no afectarme!

4 comentarios:

Choper dijo...

No sé si no hay comentarios sobre la destrucción de la costa porque los lugareños, la Costa Blanca, estamos ya medio inmunizados, lo vemos a la más minima que nos acercamos a la costa o estamos viviendo dentro del "mogollón", o porque vemos que hay poca solución a no seguir construyendo mientras quede un centímetro construible, y eso que la crisis parece que está dando un respiro pero de momento las mentalidades de enladrillar la costa me parece que no han cambiado demasiado.

Transi dijo...

Has dado en la clave Choper, lo pienso a menudo y canturreo esa canción de Alaska que dice: "A quien le importa...". Hay muchos intereses económicos en juego y la sed de éstos es ilimitada e insaciable. Crecer, creced y multiplicaos... (ladrillos = billetes de 500), como lo han venido haciendo desde que se inventó eso del turismo de sol y playa. (chiringuitos, bares, tascas, pubs, ristorantes, gelateries, kebaps, MacPorrals,..., apartamentos, bungalós, urbanizaciones, residenciales, luxury villes,... etc)
Gràcies por aportar tant a aquest lloc, m'agrada molt veure't per ací. Una abraçada.

Transi dijo...

La costa está enladrillada,
¿quién la desenladrillará?,
el desenladrillador
que la desenladrille,
buen desenladrillador será.
(Perdonadme pero es que no me he podido resistir..., gracias Choper por sugerírmela!)

Transi dijo...

Hace poco vi un documental sobre un pueblo al que sólo se accede, desde hace unos años, por un funicular... Sé que sería feliz allí. Es lo único que me haría olvidar tanta destrucción del entorno... El lugar está en la zona del Naranjo de Bulnes, en los Picos de Europa, Asturias. Quien sabe..., me encanta el queso de Cabrales.