domingo, 11 de enero de 2009

LEYENDA del LAGO de SANABRIA

Un pueblo bajo las aguas
Cuentan aún los lugareños la leyenda que narra el origen del Lago de Sanabria. Una historia que en cada boca se hace diferente, pero siempre enormemente atractiva.

Narra la leyenda que un día llegó un peregrino pidiendo limosna a la localidad de Villaverde, emplazada donde ahora está el Lago de Sanabria, el cual no existía entonces. Al peregrino-que era Jesucristo- le cerraron todas las puertas. Tan sólo se compadecieron de él y le atendieron unas mujeres que se hallaban cociendo pan en un horno. Pidió allí el pobre y las mujeres echaron un trozo de masa al horno para que se cociera y así poderle dar pan. Tanto creció la masa que no pudieron sacar el pan por la boca del horno. Lo intentaron una segunda vez echando al horno un trozo más pequeño, pero éste creció aún más que el primero, por lo que tuvieron que sacarlo en pedazos. Cuando el pobre comió, y para castigar la falta de caridad de aquella villa, le dijo a las mujeres que abandonaran su casa y subieran a un alto, pues iba a inundar el lugar. Cuando ya habían abandonado Villaverde, el pobre dijo:

Aquí clavo mi estacón
Aquí salga un gargallón;
Aquí clavo mi espada
Aquí salga un gargallón de agua.

Al momento, un impetuoso surtidor de agua brotó de la tierra, que en pocos momentos anegó completamente Villaverde, quedando el lago tal y como hoy se ve. Tan sólo quedó al descubierto una islita, que jamás se cubre en las crecidas, situada exactamente en el lugar donde estaba el horno donde fue socorrido el pobre.

Allí florecen dos guindales recordando a las dos mujeres. Desde entonces, el Lago posee la virtud de que todo el que se acerque a él en la madrugada de San Juan y se halle en gracia de Dios, oirá tocar las campanas de la sumergida Villaverde.

La leyenda hecha realidad
Poco se imaginaban los habitantes de Ribadelago que su leyenda se convertiría más tarde en trágica realidad. La noche del 8 al 9 de enero de 1959, la presa de Vega de Tera, ocho kilómetros arriba, en las montañas, sufrió una rotura de 140 metros de ancho, liberando ocho millones de metros cúbicos de agua por el cañón del río Tera. Cuando las aguas llegaron al valle del lago, una gigantesca ola de siete metros de altura sepultó por completo a Ribadelago, llevándose ancianos, mujeres y niños para siempre al fondo del lago. Desaparecieron también el 75% de los animales y el 60% de sus viviendas.
  De los 144 fallecidos, tan sólo se recuperaron 28 cadáveres. El resto reposa en el fondo del lago. Tan sólo se salvaron los que, al escuchar el fragor de las aguas bajando por el cañón, corrieron laderas arriba, hacia las montañas, o se subieron a la espadaña de la iglesia. Cuentan aún los lugareños que muchos perecieron por intentar recuperar sus ganados y su dinero. Desde otros pueblos, algunas personas que tenían familia en el pueblo inundado, llegaban corriendo por las montañas, en medio de la noche, al oír el estruendo de las aguas en la lejanía.

Extraído del libro”VISITA EL PARQUE NATURAL DEL LAGO DE SANABRIA” de José A. Carreño Lozano (Ed. Everest)

3 comentarios:

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Transi Robles dijo...

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